Música

Published on mayo 11th, 2018 | by Isael Serra

De los Deadheads a los Jugaloos: El fenómeno de “comunidad” de los aficionados dedicados a una banda

Durante la década de los años sesenta el mundo fue testigo de una “revolución” juvenil, musical y culturalmente hablando. La “Beatlemanía” nos mostró que el fenómeno del fanatismo dirigido hacia una banda -el cuarteto de Liverpool- podía llegar a limites inimaginables y masivos. Bastaba con que The Beatles hicieran simple acto de presencia, para que cientos de jovencitas gritaran, sin que la agrupación tocara siquiera una sola nota. En sus conciertos los músicos ingleses no podían ni escucharse a sí mismos con todo el griterío de la fanaticada. Además eran acosados a donde quiera que se dirigían.

Debido a esto la banda decidió dejar de tocar en vivo y enclaustrarse en su estudio de Abbey Road y en las oficinas de su empresa Apple. Bueno, pues aún así, un grupo de fanáticos acampaban a las afueras de estos dos recintos a la espera de ver a cualquiera de sus ídolos cuando salían o entraban. A esta pandilla de obsesionados “beatlemaniacos” se les conoció como los “Apple Scruffs”. Era tal su nivel de compromiso que una vez John Lennon los utilizó para empacar los discos de su controversial álbum “Unfinished Music No. 1: Two Virgins”. Si, el de la infame portada donde salen John y Yoko mostrando sus traseros.

Gracias a esa perturbadora fotografía de la portada -sobre todo por el trasero de la Ono, que más de una pesadilla ha provocado- la disquera se negó a distribuirlo y a hacerse cargo de todo el rollo que conlleva el embalaje de un disco. Así que el listillo de Lennon aprovechó la mano de obra -sin goce de sueldo- de los “Apple Scruffs” que, sin chistar, ayudaron a su ídolo en ese difícil momento, empacando y cargando las copias del disco que ellos mismos llevaron a las tiendas locales, y que enviaron por correo a todo el mundo.

Está de más decir que hicieron todo esto con gusto. Incluso George Harrison les dedicaría una canción en su disco solista más exitoso All Things Must Pass (1970), titulada, precisamente, “Apple Scruffs”, y que en su letra dice: “Ahora los veo sentados ahí, mientras la gente alrededor los mira con extrañeza, como si ustedes no tuvieran un lugar a donde ir; pero ellos no saben nada de los Apple Scruffs. Ustedes han estado ahí por años…”

Estos simpáticos vagos y “stalkers” profesionales serían el antecedente de lo que vendría después: Hordas de fanáticos dispuestos a seguir a sus bandas favoritas a donde quiera que estas fueran, viviendo al máximo los conciertos y las obras de sus artistas fetiche; creando una especie de comuna, de “hermandad” con otros fans. Tal sería el caso de los “Deadheads” como ejemplo más representativo. He aquí una lista de algunos de estos pintorescos grupos de fanáticos dedicados en cuerpo y alma a sus ídolos musicales.

Deadheads

Se trataba de seguidores fervientes de Grateful Dead -la banda americana de rock psicodélico, blues, y folk- que lejos de alejar a su excéntrica fanaticada, o aislarse de ellos -como lo estilan los rockstars-, los abrazó y cobijó. Buena jugada, pues los llamados “Deadheads” les fueron leales al grupo por años, creando incluso una especie de “subeconomía” alrededor de la banda. Los folclóricos Deadheads llevaron todo ese rollo de las comunas y la ética “hippiosa”, exclusivamente hacia el entorno del experimental grupo californiano.

Para ellos todo giraba alrededor de “Los muertos agradecidos”. Mientras la mayoría de los hippies dejaban sus morrales y sandalias de lado conforme pasaba “la moda” a principios de los años 70, los deadheads seguían colgados en el viaje, en toda la onda del “verano del amor”, San Francisco- Haight -Ashbury- y coloridas camisetas que ellos mismos decoraban al estilo “stone washed”.

Su amor/obsesión por Grateful Dead y la cultura de las drogas -como el LSD- los llevó a trasladarse a donde quiera que tocara la banda del buen Jerry García. ¿Cómo lo hacían? ¿Cómo conseguían los medios para trasladarse por toda la unión americana y sobrevivir en el camino? Bueno, es aquí donde el sentido de comunidad funcionaba: muchos de ellos eran riquillos hijos de papi a quiénes sencillamente no se les daba la gana trabajar, las “ovejas negras” de alguna familia que los seguía manteniendo -a la distancia- en su particular “descubrimiento espiritual” y estilo de vida “fuera del sistema”. El estilo americano de contracultura, el de los nenes consentidos de ese mismo sistema que tanto criticaban.

Otros Deadheads menos afortunados tenían que ver de dónde sacaban para “el viaje”-en todos los sentidos-, ya sea vendiendo artesanías, comida orgánica, ropa diseñada por ellos, o sencillamente grabando en vivo conciertos de la banda para después usar como moneda de cambio dichas cintas bootleg. Todo un estilo de vida ligado al rock y la contracultura que daría pie a asociaciones similares.

Fans de la banda Phish

Herederos en espíritu de los mencionados deadheads, los fans de Phish -banda americana de jam rock/improvisación- lo tienen claro: no perderse ninguno de los conciertos de su grupo favorito, pues, cada concierto es distinto. La banda procura no repetir set list, o altera las canciones en cada ocasión improvisando mediante extensos “jam sessions”, mezclando géneros, o bien, haciendo covers poco convencionales, impregnando de su estilo canciones conocidas.

De alguna forma les funciona y sus fans van por más y vuelve a ir al siguiente show, ya sea que la banda toque en otra ciudad o a veces haciendo tres conciertos seguidos en un mismo recinto. Para alguien que no esté familiarizado con la música de Phish, esto de verlos en cada show puede no tener mucho sentido; pero una vez más, el espíritu de comunidad creado por los fanáticos hace la magia.

Phish

Imagen via https://consequenceofsound.net/

La banda tiene muy poca exposición en los medios -aunque muchos la conocen por haber salido en un episodio de los Simpsons, aquel cuando Homero prueba la marihuana de forma medicinal-. Es una banda de nicho, y sabedores de ello se dedican enteramente a sus seguidores de hueso colorado. Ofreciéndoles material exclusivo, mismo que es intercambiado fervorosamente entre los mismos fans. Todo a la usanza de los viejos “deadheds”.

Sorprendiendo a los medios tradicionales y a quienes rentan los “venues” donde se presentan exitosamente con casi nula publicidad, solo con el llamado “boca en boca”. Ni siquiera gastan en anuncios o carteles. Y quién los contrata sabe que son “negocios seguro” gracias a su dedicado fanbase.

Jugaloos

Así son conocidos los aficionados de la controversial banda gringa de rap y hip-hop, Insane Clown Posse (ICP), las mujeres también son conocidas como “Juggalettes”. El dúo de rap –maquillados cual payasos “escalofriantes”-definen su música como “horrorcore”, llevando al hip hop “de blancos” las técnicas y estrategias del “shock rock” y la postura de mamarrachos típica del hip hop-pero dirigida a gente “blanca”-. Una combinación curiosa y explosiva.

Hasta ahí nada raro, mucho menos para la gente fuera de Estados Unidos que parece no notar su existencia y el poder de su “fanbase”; es más, la música del grupo puede no ser la gran cosa y hasta ser de mal gusto y repetitiva. Pero resulta que estos fans están perfectamente organizados e interrelacionados, tanto que para el FBI ya son un considerados una “pandilla” y un peligro, incluso hasta los puso en su lista negra, afectando a cientos de Jugaloos que trabajan para el gobierno, pues muchos han sido despedidos tan solo por pertenecer a esta “fanaticada”.

Insane Clown Posse

Imagen vía Pinterest

La realidad es que son un grupo pintoresco y desenfadado, simples “misfits” pertenecientes a lo que se suele denominar despectivamente como “white trash” -basura blanca-, ya saben, esos “gringos locos”, algo marginales en su tierra, que suelen tener trabajos no muy bien remunerados o de obreros, pues muchas veces no completaron el college -Universidad-, con relaciones interpersonales conflictivas, adicciones o alcoholismo, y que se sienten identificados con las “realidades” y el espíritu marginal que la banda expresa en sus letras.

Obviamente que no todos los Jugaloos entran en esta categoría, sus fans son muchos y de todos los estratos; pero siendo realistas, Insane Clown Posse parece atraer a los más impresentables de la fauna gringa. Muchas veces son estereotipados y tomados como objeto de bromas crueles y clasistas, por ejemplo, las fans mujeres suelen ser víctimas de los típicos chistes que acá les hacen a las llamadas “luchonas”/madres solteras que gustan del relajo y dejan a sus hijos con quién se deje para acudir a fiestas. También suelen ser acusados de tener actitudes chauvinistas y racistoides.

Este grupo de fans tiene su propio lenguaje y sus propias señales de identificación, como las señales que hacen con las manos -como acá lo hacen los cholos-: formando las letras “W.C.” con ambas manos refiriéndose a “Wicked Clown” -payaso “loco”, o “malvado”-. Y tienen, como no, su propio festival: el infame “The Gathering of the Juggalos” –La reunión de los Jugaloos-, un festival musical anual, que es definido por sus organizadores como “el Woodstock de los Jugaloos”.

Dura de cuatro a cinco días e incluye artistas de la disquera del grupo -como no, ICP tiene su propia disquera con su “roster” de artistas exclusivos- que mezclan con otros actos underground o raperos en horas bajas -Han participado Vanilla Ice, MC Hammer, y Ice T-. Si de por si los Jugaloos son de cuidado, en este festival de plano se desatrampan: abuso de alcohol y drogas, guerra de bolsas de basura y latas de cerveza -muchas veces de contenido ignoto-, nudismo, asar carne -BBQ- , ligar, retos estúpidos como comer escorpiones vivos, y nadar en un lago cercano. Estos tipos saben de fiesta.

Los Jugaloos han defendido su derecho a no ser perseguidos ni estigmatizados organizando múltiples marchas para manifestarse, e incluso llevando a cabo acciones de caridad y de servicio público, para limpiar su imagen, como reunirse para recoger basura. En parte hacen esto para compensar un poco la afición de sus miembros a pintarrajear paredes y botar latas de cerveza por todos lados. Como pueden ver, este grupo de aficionados resulta en todo un fenómeno sociológico y de subculturas, aunque sean más sus detractores que defensores.

Fans de Morrisey

Conocidos entre ellos como “Apostles”, se trata de aficionados que idolatran al “Divo de Manchester”, ex miembro de los legendarios The Smiths. Aquí se trata de un estilo de vida, siguiendo las enseñanzas del ambiguo y asexual Morrisey. Desde llevar una dieta vegetariana y una ideología “animalista”-en pro de los derechos de los animales-, hasta leer ciertos libros y vestir de determinada y “elegante” forma. Todo basado en lo que haya dicho en alguna de sus curiosas entrevistas el vocalista.

Hasta ahí todo “normal”; pero aquí entra un aspecto cultural que llama la atención: los fans “latinos” de Morrisey. Por alguna extraña razón durante la década de los años 80 en las ciudades fronterizas de México con E.U.A. como Tijuana o Cd Juárez, se adoptó “el estilo Morrisey”. No solo se trataba de escuchar su melancólica música, sino de vestir lo más parecido posible a él; pero “mexicanizado”.

De alguna forma toda esa estética de rock de Manchester empató con lo “chicano”; ya saben, lentes oscuros de marca, camisas vaqueras o estilizadas en colores oscuros o camisetas con la efigie del ídolo, botas bien lustradas, copete a la “rockabilly”, tendencia al pandillerismo, etc. Esto era hasta contracultural y pronto pasó a California.

De ahí los gringos conocieron a los “Mexican Apostles”, extremadamente comprometidos con la causa, y que a la fecha han caído en un estereotipo muy curioso. Ese que dicta que México está lleno de rabiosos fans de Morrisey -aunque en realidad sea un poco menos masivo de lo que ellos creen-. Eso, aunado a que sus canciones quedan muy bien con música tradicional o de mariachi, pues ha dado a luz una divertida subcultura, no exenta de mitos.

Incluso oportunistas -mercenarios- profesionales como Jay De La Cueva, Chetes y Marcelo Lara- todos ellos miembros de los infames Moderratto- buscaron capitalizar esto, con un proyecto denominado Mexrrissey, con resultados bastante lamentables. Aunque es una curiosidad dirigida a los fans angloparlantes.

Fans del Indio Solari

Ya en Esencia de Antes hemos tocado este fenómeno. Serían la versión Sudamericana, más precisamente argentina, de los fanáticos que siguen de manera masiva a su artista a donde sea que se presente, acampando y pasándola bien en el inter. El Indio Solari fue parte de una agrupación argentina que hizo historia y que representó un emblema contracultural: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Así se llamaba la banda formada a finales de los años 70, en La Plata.

A pesar del nombre nuca hubo un “Patricio Rey”, este era solo una entidad ficticia, una metáfora de los gurús/rockstars de los 70’s. Su vocalista, El Indio Solari, continuó con el legado de dicha banda de manera solista y recogió todo ese espíritu entre literario y contracultural.

La llamada “identidad Ricotera” es lo que le da cohesión a estos fanáticos: el argentino-aunque esto se ha extendido a otros países sudamericanos- libre, que viaja de un lado a otro en trenes o haciendo “auto stop” (“ride”, aventón), capaz de acampar, tomar mate, y hacer un asado en cualquier parte; todo sea por sus sabio ídolo. Sobreviviendo en la “comuna” que se forma alrededor del evento/concierto, o vendiendo artesanías o camisetas con la efigie calva del “Indio”, o empanadas, chorizo -o choripán”. Como es de suponer esto es toda una subcultura y estilo de vida.

Portada: Pinterest


About the Author

Isael Serra

Lic. en Derecho y en Admon de Empresas. Ha colaborado para el diario La Jornada en el rubro de periodismo rockero. Conductor del programa especializado "Estridencia" en radio por internet. Metalero/Rockero irredento.



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