Columnas

Published on enero 29th, 2016 | by Esencia de Antes

Los estereotipos vs las posibilidades de la música

  “La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso”.
-Franz Liszt

A raíz del encuentro con un viejo amigo una pregunta ronda mi mente, aunque no por primera vez: ¿La música que escuchamos nos limita de alguna manera?

El comunicólogo en mi aún no lo tiene claro porque para llegar a una respuesta clara hacen falta años de investigaciones pero, básicamente, la comprensión se deriva de los códigos en común, es decir, debemos tener los mismos códigos para poder decodificar los mensajes de manera acertada, lo cual nos lleva a organizarnos en grupos que comprendan dicho lenguaje pero que rara vez se esmeran en comprender uno ajeno.

Pero otra parte de mí, se aleja de academia y se enfoca en aspectos más subjetivos. Esa parte está segura que los seres humanos somos más grandes que las etiquetas que solemos utilizar para definirnos, y que si bien los géneros musicales son un código particular la música no lo es. Quizá no escucho reggaetón pero puedo comprender que debajo de todas las pre concepciones sociales hay algo que hace vibrar a quienes disfrutan ese ritmo.

Por otra parte, la carga ideológica también es un factor importante ya que habla del contexto en el que fue creada la pieza, poniendo como ejemplo la música de banda, sus detractores dicen que es música para “gatos” porque sus letras hablan de temas alejados a su realidad pero no se ponen a pensar que esos “gatos” se ven reflejados en los temas tal como ellos en una canción de Adele o de Guns and Roses. Habrá quien diga que tal comparación es una blasfemia, pero en el fondo el sentimiento es el mismo,todos podemos entender una decepción amorosa, sin importar el ritmo al que se toque.

La música nos habla a un nivel subconsciente utilizando un código universal y que va más allá de la lógica, convirtiéndola en la forma más pura de comunicación que tenemos. Está bien que no nos gusten los mismos géneros que no escuchemos tal o cual melodía porque nos choca su carga sexista o porque es aburrida o porque no está a la moda, pero de ahí a catalogar a las personas basados exclusivamente en eso es un error garrafal, porque dejamos de valorar a las personas por lo que son, los medimos con una vara que siempre les vendrá corta y que nos hará despreciarlos por ser menos o más que nosotros.

En este sentido, hay quien trata de ir un paso más adelante y asegura que tal o cual música es mala por ser “comercial” o porque es una herramienta para mantener el control de las masas, lo cual es un análisis bastante acertado pero trunco, porque sólo se está explicando la forma y no el fondo.

En este punto es donde ambas visiones (la del comunicólogo y la del idealista) se vuelven a unir para tratar de explicar este fenómeno: el sistema capitalista se basa en la división clases y el neoliberalismo no hace más que acentuar estas divisiones bajo el concepto de la individualidad mal entendida, es decir en pensar que lo que yo hago es mejor que lo que hace el otro o en viceversa en lugar de verlo como un complemento, pero esto funciona sólo para los de abajo porque entre más divididos estén, más difícil será oponerse a los de arriba, quienes irónicamente están unidos  de manera ejemplar, con propósitos pueriles, pero ejemplar.

“¿En qué parte de esta conspiración mundial entra la música?” estarán pensando y la respuesta es igual conspiracionista: la música, cuando se valora por sí misma y se le deja fluir, tiene el poder de unir a la gente (como se ha demostrado en distintas ocasiones), algo que es muy peligroso para los que ostentan el control por lo que se le aplicó elbonito rayo capitalista para que en lugar de unirnos como sociedad, nos dedicáramos a formar pequeños grupos de “nacos”, “fresas”, “marihuanos”, etcétera.

Tampoco es tan complicado: sí no somos capaces de respetar al otro ni por el ritmo que baila menos nos vamos a poner de acuerdo en cómo derribar la estructura capitalista, así que cuando criticamos desde nuestro trono todopoderoso al vecino por la música que escucha, colaboramos activamente con la decadencia social que nos tiene tan preocupados.

Texto: Luis Fernando Reyes

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