Cine

Published on diciembre 15th, 2017 | by Luis Fernando Reyes

Ralph Bakshi y la reinvención de la animación

Mi recuerdo más temprano con respecto al cine está ligado a una copia pirata de la película Fire and Ice de Ralph Bakshi que por alguna extraña razón alguien puso en mis manos cuando tenía 3 años, misma que no solté hasta que hasta que la cinta se hizo chicharrón y no pude verla más. En aquella época, mi papá compraba películas casi de manera obsesiva y no le preocupaba realmente de que eran, si le llamaba la atención la llevaba a la casa, por lo que no me parecería nada raro que en alguna de sus expediciones al tianguis más cercano alguien le recomendara una película animada y el pensara que era algo para niños, lo cual estaba bastante alejado de la realidad pero agradezco infinitamente a ese héroe sin capa disfrazado de vendedor de VHS piratas y a la obsesión que mi jefe tenía con las películas porque pusieron en mis manos la llave que abre la puerta de un maravilloso y basto universo que es mi hogar lejos del hogar.

Fire and Ice es una película animada con dibujos del maestro Frank Frazetta que nos sitúa en un mundo ecotopico en donde el hielo lo cubre casi todo y en el que los humanos sólo pueden sobrevivir cerca de los volcanes en los que existen una especie de oasis tropicales en donde las mujeres van a penas vestidas con prendas que se transparentan a la mejor provocación y los hombres son bárbaros al más puro estilo de Conan; pero el cambio climático que congela el planeta no se da por causas naturales sino por la magia de Nekron, el señor del hielo, que comanda legiones de humanoides y bestias de piel azul, mismos que secuestran a la hija del Rey Jarol de las regiones cálidas para un oscuro ritual, ahí inicia una aventura llena de violencia y se referencias sexuales nada disimuladas.

El aspecto visual de esta película es sobresaliente debido a una técnica de animación denominada como rotoscópica que de acuerdo con Wikipedia “consiste, esencialmente, en reemplazar los fotogramas de una filmación real por dibujos calcados sobre cada fotograma. Así se transmite al dibujo la naturalidad y secuencialidad de movimientos, expresiones, luces, sombras y proporciones propias de la filmación original”, es decir, primero se filmaba la acción actores reales para después hacer dibujos sobre esas cintas con lo que se obtenía una animación fluida y realista (una reminiscencia de esto se puede ver el efecto para selfies conocido como “animación”).

Esta técnica cambió para siempre la industria del cine y no sólo en las “caricaturas”, sino que permitió añadir efectos animados en películas “live action”, como en el caso de los sables de luz de las primeras películas de Star Wars (que ahora ya no son las primeras sino las últimas, pero ustedes me entienden). En este sentido Ralph Bakshi es uno de los creadores que cambiaron la percepción que se tenía de las películas animadas durante los sesentas y los setentas, sacándolas de su nicho para llevarlas a un público adulto no sólo con dibujos sexualmente sugerentes sino con historias profundas de las que emana un tufo a podredumbre humana y a decadencia social, lo cual ya permeaba en historietas como las de Moebius y de Robert Crumb pero que aún era un terreno poco explorado en el séptimo arte lo que significó una bocanada de aire fresco para un género que se estaba ahogando en las mismas fórmulas moralinas de siempre.

De cierta manera, las obscuras películas de Bakshi son más digeribles e incluso divertidas gracias a la caricaturización de los personajes y las situaciones, pero están muy alejadas de la ternura del cine animado tradicional, pues en el fondo llegan a ser violentamente trágicas, como la realidad misma. En otras palabras Bakshi tomó algo culturalmente inocente y lo convirtió en una bomba sensorial dirigida a la mente del espectador.

Los primeros años de su carrera se dedicó a animar series como James Hound, Heckyl & Jeckyl, Lariat Sam y Foofle e incluso se le permitió dirigir algunos capítulos de James Hound, Spider-Man, Deputy Dawg, Marvin Diggs y Rocket Robin Hood en los que demostró su talento como narrador, pero no fue hasta 1972 que la Paramount le dio oportunidad de adaptar y dirigir una película basada en Fritz the Cat (personaje creado por Robert Crumb) que fue la primera película animada a la que se le dio clasificación X (es decir, pornográfica) en Estados Unidos y que narra las andanzas de un gato con toques de hípster que se hace pasar como un intelectual y activista para tener sexo y drogarse a la menor provocación, lo que claramente era una crítica a los hippies de la época pero que no deja pasar la oportunidad de poner a los policías como puercos y a los judíos como roedores.

Posteriormente, en 1973, escribió y dirigió Heavy Traffic en la que narra las fantasías psicodélicas de un dibujante fracasado de Nueva York en las que transitan vagabundos, vendedores de drogas, criminales y travestis adictos al sexo, que sirven como marco para la decadencia del personaje principal. Dos años más tarde, sacó a la luz Coonskin que es en la primera en la que mezcla exitosamente la animación con el live action y en el que explora las aventuras de un trío de animales afroamericanos (el Hermano Conejo, el Hermano Oso y el Predicador Zorro) que ascienden poco a poco en la estructura de una organización criminal (sospechosamente parecida a Las Panteras Negras) después de que un blanco los expulsa de su casa, y a diferencia de lo que se puede pensar, la película no tiene un tinte racista sino que habla precisamente de los problemas que lo negros americanos enfrentan todos los días en la calle a través de la parodia de los estereotipos clásicos.

En 1977 escribe y dirige Wizards, su primera incursión al subgénero fantástico de magia y espada (que posteriormente inspiraría a la icónica Heavy Metal), esta se centra en un mundo post apocalíptico que fue arrasado por la una guerra nuclear dejando atrás una raza de mutantes que buscan exterminar a los elfos, hadas y duendes que salieron del centro de la tierra para ayudar a los pocos humanos que sobrevivieron pero que en el fondo es una guerra entre dos hechiceros, lo cual hace referencia a la Segunda Guerra Mundial.

Wizards película de ralph bakshi

Wizards. Imagen vía http://lwlies.com

En esta misma línea, pero un año después, dirige la primera adaptación cinematográfica de El Señor de los Anillos de Tolkien, misma que fue rechazada por Stanley Kubrick y John Boorman y que es considerada por algunos puristas como la mejor adaptación del libro. Ya en los ochentas, dirigió American Pop en la que narra la evolución de la música popular estadounidense a través de 4 generaciones de una familia judía dividiéndola en el vodevil, el jazz, la psicodelia y el rock, sin embargo, a pesar de su amor por la música ninguno de los protagonistas llegan a ser exitoso debido a la situación social o sus propios vicios; en esta producción además del rotoscopio, utiliza fotografías fijas coloreadas e imágenes de archivo en las que se montan números musicales.

Posteriormente, regresa a lo fantástico con Fuego y Hielo, hasta que en 1993 lanza al mercado Cool World que podría considerarse como su obra más comercial pues cuenta con actores como Brad Pitt y Kim Basinger representada a través del rotoscopio como Holli Would, uno de los personajes más sensuales de la historia de la animación; una vez más ocupa la mente de un dibujante fracasado como escenario para contar una historia, esta vez Frank Harris (personaje interpretado por Pitt) dibuja un mundo conocido como Cool World inspirado en sueños que tiene pero principalmente por su obsesión con Holli Would de la cual está enamorado, poco a poco se da cuenta que sus dibujos son un portal que une el mundo real y a Cool World por lo que ambos personajes planean una manera de traer a Holli al mundo real para que puedan tener sexo, lo cual podría romper el balance entre ambas dimensiones, a pesar de lo alucinado que pueda sonar, la historia funciona muy bien y es visualmente hermosa.

Cool Word de ralph bakshi

Cool World. Imagen vía http://www.cartoonbrew.com

Toda la obra de Bakshi es una poderosa critica a sueño americano y a las fantasías de progreso que siempre ha buscado vender, por eso sus personajes siempre son decadentes, viciosos, desprotegidos y fracasados que buscan maneras de aprovechar lo que tienen antes de que llegue alguien a arrebatárselos o hasta que agoten su suerte por lo que más allá del aspecto animado son el reflejo fehaciente de la época que le tocó vivir, no hay grandes ideales, ni grandes esperanzas incluso no hay una moraleja sólo la descarnada realidad hecha caricatura. Cualquier día y en cualquier momento, prefiero eso a la grandilocuencia y pretensiones del Studio Ghibli, pero quizá es porque desde chiquito le entré de lleno a los mundos destruidos, las peleas de espadas y la mujeres semidesnudas.


About the Author

Luis Fernando Reyes

Estudió Comunicación en la Universidad del Valle de México y trabajó el diario Excélsior así como en Radio Fórmula. Actualmente colabora en las publicaciones digitales “Esencia de Antes” y “Revista Circe” en las escribe con temas relacionados con la cultura popular.



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