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Published on enero 10th, 2016 | by Esencia de Antes

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Un hombre llamado Ian Fraser Willis

El Rock and Roll murió 28 de diciembre del 2015. Así sin más, nadie lo esperaba, nadie lo vio venir pero a través de nuestros monitores fuimos partícipes del fin de una era. Lo que parecía una broma del Día de los Inocentes pronto se convirtió en una triste realidad: Ian Fraser Willis, mejor conocido como Lemmy Kilmister, había sucumbido ante una forma particularmente agresiva de cáncer. De repente nos quedamos en un mundo de sexo, drogas y fantasmas.

Pero no todo es tan malo, porque Lemmy trascendió los límites de un género musical para convertirse en el icono de una generación no sólo por su estilo de vida libre de pretensiones, siempre siguiendo sus instintos y sus ideales, sino porque se convirtió en un pilar de la cultura popular al estar presente de algunos de sus momentos más importantes, no como un rockstar sino como un fanático.

Lemmy Ian Fraser Willis

Imagen vía http://www.belfasttelegraph.co.uk/

Creció en un gris North Wales azotado por el desempleo y la desesperanza, pero en la música descubrió su vocación, misma que lo llevaría a ver en vivo a muchas de las bandas inglesas que cambiaron el panorama sonoro de la época, entre ellas The Beatles, a quienes admiraba no sólo por lo que hacían sino porque al igual que él eran tipos duros provenientes del barro del Reino Unido y a los Rolling Stones, a quien siempre consideró como a blandengues “niños de mamá”.

En su época de roadie, fue el encargado de preparar las guitarras y las drogas que usaba Jimi Hendrix en sus conciertos, fue en ese tiempo cuando empezó a desarrollar su distintiva forma de tocar el bajo como si fuera una guitarra. En su constante vida en el camino, colaboró con distintas bandas como The Rainmakers, The Motown Sect y The Rockin’ Vickers antes de grabar en 1968 el álbum Escalator con su primera banda “seria”, Sam Gopal, para posteriormente integrarse a la formación de Hankwind en 1972 con quienes grabo tres discos -Doremi Fasol Latido, Hall of the Mountain Grill, Warrior on the Edge of Time- antes de ser despedido durante su gira canadiense por abusar del ácido.

Toda esta experiencia lo llevó a fundar su emblemática banda, Motörhead, en 1975, misma con la que no dejó de tocar hasta pocos días antes de su muerte, dejando un legado de 22 álbumes de estudio, 9 en vivo, 12 compilaciones, 4 EPs, 29 sencillos, 10 videos de conciertos y 34 videos musicales, sin mencionar sus colaboraciones, participaciones en bandas sonoras y los 2 discos con Head Cat, por lo que resulta natural que fuera la influencia de personajes como Sid Vicious, Dave Grohl o Slash y que sea referencia obligada para casi todas las bandas de metal, punk o similares de la actualidad. Esto último es parte de su legado, Ian Fraser Willis logró unir a todos los que disfrutaban la música sin importar el género, porque su amor y entrega se notaban en cada nota.

El mundo de cine también fue tocado por su carisma, más allá de las múltiples bandas sonoras en las que participó y entre las que destacan la música que acompañó a Bob Esponja en su película y a los cenobitas de Hellraiser III, hizo participaciones especiales en cintas independientes que hoy son consideradas de culto como Hardware, Air Heads y Tromeo and Juliet, mismas que le abrieron la puerta al mundo de los videojuegos en el que incursionó haciendo voces para Brütal Legend así como para Scarface: The World Is Yours.

Por si fuera poco, Lemmy fue uno de los mayores coleccionistas de memorabilia Nazi y de la Segunda Guerra Mundial, por lo que algunos lo consideraban racista aunque él, siempre deseoso de aprender, explicaba que su interés estaba enfocado en la historia de los “chicos malos”.

Ian Fraser Willis

Imagen vía http://www.rsvlts.com/

Pero quizá su legado más grande haya sido su actitud ante la vida, a pesar de ser tan famoso nunca perdió el piso, las personas que lo rodeaban coinciden en que era un gran amigo, un caballero que siempre mantuvo su extraordinario sentido del humor además de ser un gran conversador y un experto en temas musicales aunque él nunca dejó de considerarse como un lobo solitario, por eso es sumamente reveladora la declaración que hizo en el documental Lemmy, 49% Motherfucker, 51% Son Of A Bitch, en la que asegura que lo más valioso que poseía, más que la fama, el dinero o su amor por música, era su hijo, Paul Inder.

El último bastión del rock and roll cayó con la muerte de Ian Fraser Willis, se llevó a la tumba las llaves del reino, los secretos del sonido y la alquimia que sólo una vida dedicada a hacer lo que se ama pueden dar, pero su legado superará la prueba del tiempo. Vivirá en todo el que busque encontrarse a sí mismo porque representa la libertad, la rebeldía, la perseverancia y la fuerza que se necesitan para hacerle frente a la vida y a la muerte sin perder el ritmo.

Texto: Luis Fernando Reyes Ramírez
Portada: 
beardedgentlemenmusic.com

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