Columnas

Published on julio 21st, 2017 | by Isael Serra

Teorías híbridas: Chester Bennigton, Chris Cornell, y el rock del suicidio en la era de las redes sociales

La mañana del día -de ayer- jueves 20 de Julio, a las 9:00 A.M, Chester Bennigton, vocalista líder de la banda Linkin Park fue encontrado muerto por ahorcamiento en su lujosa residencia de Palos Verdes, California. Un lamentable caso más de suicidio por parte de un músico exitoso y consumado, que “lo tenía todo” y que se da tan solo unos meses después de que Chris Cornell -Soundgarden, Audioslave- hiciera lo mismo en plena gira.

El mundo del rock aún no se recuperaba del suicidio del vocalista grunge, cuando la noticia de la muerte de Bennigton se volvió viral en las redes justo el día en que su añorado amigo, Cornell, cumpliría años. Aquí existe una conexión entre ambos, no solo por la forma de consumar su muerte, y en circunstancias similares -una nueva gira de Linkin Park iniciaría este 27 de Julio-, sino en la elección de la fecha que Chester Bennigton eligió para acabar su vida. No pudo enfrentar ese día aciago. Es sabido que la desaparición física de Cornell devastó a Bennington, tanto que le dedicó una carta a su amigo muerto, y está se hizo pública: “No puedo imaginar un mundo sin ti en él; rezo para que encuentres la paz en la otra vida”, le escribía a un Cornell que decidió morir.

Mucha gente da testimonio de esta amistad, y del hecho de que ambos tenían mucho en común. No solo eran súper estrellas, lideres, si no que cada uno enfrentaba a sus demonios personales y, por lo mismo, buscaban cierto alivio en el uso y abuso de sustancias desde la adolescencia.

Los dos amigos ya venían arrastrando experiencias vivenciales fuertes, ya a temprana edad -en el caso de Bennigton, este fue víctima de abuso sexual durante su niñez-, y una pronunciada tendencia a la depresión, misma que ambos expresaban libremente en las letras de sus respectivas canciones. ¿Alguien ha escuchado detenidamente la letra del “hit” de Linkin Park, “In the End”?: “Mantengo todo para mí mismo, y a pesar de lo mucho que me esfuerzo, todo se cae en pedazos. Lo que significa algo para mí, eventualmente será tan solo un recuerdo de lo mucho que lo intentaba, y al final, ni siquiera eso importa. Tengo que caer, tengo que perderlo todo…”

Cruel Summer.

El éxito de Linkin Park coincidió con una especie de “nueva era” en la música comercial de ese entonces, a principios de la década de los años 2000. Korn, Limp Bizkit, Deftones, etc. ya habían hecho lo suyo y, de la noche a la mañana, detentaban un estatus de súper estrellas, a pesar de sus detractores. Estas bandas denominadas “nü metal” tocaban en festivales masivos, mientras que sus videos eran emitidos constantemente por la aún poderosa e influyente MTV-cuando todavía programaban videos musicales-. Con un sonido aún más pulido, electrónico y pop, Linkin Park llegó para comerse ese pastel amorfo llamado erróneamente “nü metal” (que de metal tenía realmente poco).

El video de “In the End”-un pegajoso; pero melancólico himno de la época- era escuchado en todos lados y a todas horas. Y claro que los adolescentes de la época se identificaron e hicieron suya la canción y el disco debut de Linkin Park -que no era malo- “Hybrid Theory” se volvió multi ventas.

No es de extrañar que cuando se supo la noticia del suicidio de Chester Bennigton, quiénes recordaban esas épocas de principios el siglo XXI, realmente sintieron un hueco en el estómago. Cada generación tiene sus ídolos, sus “mártires” del rock. Los aficionados y los detractores se expresaron masivamente al respecto en las redes sociales, muchos mostrando ironía y un amplio catálogo de chistes y memes crueles. Se habla mucho de la frialdad de las redes, que permiten cierta falta de sensibilidad.

Pero también entra en acción una forma fácil de “trolleo”: la burla por la caída del ídolo de otro. Si la banda era ultra comercial -como es el caso de la banda del finado Chester- el “chiste” es más fácil. Creo que el ser humano naturalmente siempre se ha burlado de la muerte, así que no vale mucho la pena caer en teorías donde “el humano actual es más cruel e insensible gracias a las tecnologías”; porque estas no tienen mucho sustento. “El hombre es el lobo del hombre”, desde siempre.

Detrás del suicidio.

Como con Cornell, en este caso también la gente se pregunta el porqué de esta fatal decisión. ¿Porque alguien que ha llegado “a la cima” de su profesión decide acabar con su vida? “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio, y ese es el suicidio” sostenía el filósofo, Nobel de literatura, Albert Camus, en su ensayo titulado “El Mito de Sísifo”.

Al principio de dicha obra, y para dejar las cosas claras, sin tanto rodeo, Camus se pone de ejemplo y detalla la rutina de su vida diaria: despertar, bañarse, ir al trabajo, salir a comer, salir en pleno tráfico, llegar a casa, dormir, repetir. Hasta que un buen día uno se “despierta” y pregunta: ¿Es posible encontrar sentido al curso -cursi- de nuestras respectivas vidas? ¿Porque buscar incesantemente ganar más dinero? ¿Porque enamorarse? ¿Porque intentar ser feliz? La realidad es que todas esas preguntar puede tener respuestas, pero la bronca, el quid del asunto, es que, al final, ni siquiera importa -estas justificaciones, dan lo mismo frente al inminente fin-, como decía el Chester. Son respuestas insatisfactorias.

Nuestro añorado David Bowie -quién murió de cáncer- le llamaba el “Rock and Roll Suicide”. Esa seductora y poderosa combinación que se da entre el arte y la tragedia -de la vida- del artista-. Ni Cornell, ni Bennigton han sido los únicos artistas rockeros que optaron por el ahorcamiento:

Ian Curtis: El gran vocalista de los emblemáticos Joy Division padecía epilepsia y depresión. Se ahorcó en su propia casa después de ver una película de Werner Herzog acerca de un músico callejero que se suicida. Por cierto, siempre veía esa película -“Stroszek”-.

Michael Hutchence: El líder de INXS se ahorco en un hotel de su natal Sidney. Durante años se ha especulado si fue un ahogamiento accidental al practicar el viejo truco de “asfixia autoerótica”; pero quienes lo conocían sabían que llevaba años de depresión y de abuso de drogas.

Pete Ham y Tom Evans: Badfinger, esa gran, pero subestimada y casi olvidada banda de British rock está signada por la tragedia. Pete Ham se colgó en su garaje; años después Tom Evans haría lo mismo ahorcándose de un árbol.

Screaming Lord Sutch: carismático y locuaz cantante, pionero del Shock rock e ídolo underground de la música psicodélica, decidió colgarse tras un periodo de fuerte depresión.

Phil Ochs: músico de protesta, cantaautor eminentemente político, y por lo mismo en franca rivalidad con su contemporáneo y “vendido” colega, Bob Dylan. Phil sufría de una fuerte bipolaridad, misma que lo llevó al alcohol, y a ser indigente. Tras contraer una fuerte infección en la garganta en Angola – invitado ahí por el gobierno cubano- le dijeron que no podría volver a cantar. Así que decidió ahorcarse en la casa de su hermana, donde vivía en calidad de “arrimado”.

¿Casos tristes? Sí; pero tenemos su música para escuchar, recordar y hacerles justicia a estos sufridos; pero talentosos artistas.


About the Author

Isael Serra

Lic. en Derecho y en Admon de Empresas. Ha colaborado para el diario La Jornada en el rubro de periodismo rockero. Conductor del programa especializado "Estridencia" en radio por internet. Metalero/Rockero irredento.



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