Cine

Published on junio 16th, 2017 | by Luis Fernando Reyes

Nacho Vigalondo y su universo fantásticamente humano

En un momento en el que pareciera que sólo los superhéroes tienen cabida en el cine de género y que la única forma que existe de contar una historia fantástica es a través de muchas capas de grandilocuentes efectos visuales, las películas de  Nacho Vigalondo vienen a ser una magnifica opción, un vaho de aire fresco en un opresivo ambiente digital. Y no me mal entiendan, me gustan las películas basadas en los cómics y una sana dosis de efectos realizados mediante a la famosa pantalla verde también se agradecen, pero llega un punto en el que como espectador y fanático del cine fantástico aspiras a algo más.

Es un tanto desesperante que todos los grandes estrenos del verano sean y (a veces) se vean iguales. Es cierto que algunas producciones superan la media como Guardianes de la Galaxia vol. 2 mientras que otras se hunden estrepitosamente como Suicide Squad, pero de fondo y forma son básicamente lo mismo, es como ir a un KFC y tener que escoger entre receta secreta o crujipollo, el rebosado es en teoría distinto pero al final te estás tragando lo mismo porque no hay de otra.

En ese sentido, las películas de Nacho Vigalondo vendrían ser un pollito adobado a las brasas, de esos que no son tan fáciles de encontrar pero cuando los pruebas te hacen chuparte los dedos debido a su sabor exótico, mismo que se deriva de una minuciosa preparación, de la correcta mezcla de ingredientes, de los años de experiencia del chef y claro,del toque único que sólo puede añadir del enamorado de su profesión.

Pero dejando de lado las sabrosas comparaciones, Nacho Vigalondo no es ningún novato, ya tiene sus buenos años de experiencia a cuestas, aunque yo lo descubrí hasta hace relativamente poco gracias a dos de las franquicias de cortometrajes más relevantes de los últimos años: ABC of Death (2012), en el que abre con A is for Apocalypse, y V/H/S: Viral (2014), en el que presentó su trabajo Parallel Monsters, el cual me cautivó totalmente ya que sólo en 20 minutos y muy pocos recursos logra contar una historia de ciencia ficción bastante inteligente (y enfermiza) sobre universos paralelos que literalmente me dejó con la boca abierta.

Desde ese primer instante me di cuenta que lo suyo, lo suyo, era contar historias sin importar el presupuesto ni los grandes adornos visuales y eso me llevó a buscar su primer largometraje: Los cronocrímenes (2007), que resultó una maravilla sci-fi pero más centrada en los viajes en el tiempo y en la que una vez más demuestra su valía como realizador, dejando de lado todos los terrenos comunes para este tipo de tópicos, se centra en el desarrollo de los personajes y de la historia para crear un loop alucinante.

Posteriormente vino Extraterreste (2011) que es una película con un tono más relajado, sobre un sujeto que amanece en un bonito departamento al lado de una aún más bonita damita que resulta estar casada y que le pide que se vaya antes de que llegue su marido, pero antes de que lo pueda echar a la calle se dan cuenta que la ciudad está siendo invadida por aliens, cosa que nuestro amigo aprovecha para invadir el departamento, todo esto filmado sólo en el inmueble sin que haya escenas apocalípticas de naves gigantes ni nada parecido, de hecho todo lo que saben de la amenaza de otro mundo es por la televisión o por la ventana con lo que la historia está completamente llevada por el sujeto, la dama y su esposo, así de aventurado es Nacho Vigalondo contando historias de invasiones sin monitos grises, sin rayos láser, ni batallas aéreas o escenas multitudinarias sólo tres personajes y un departamento pero con una buena narrativa que está plagada de humor negro muy gachupín.

Después de rodar estas dos excelentes películas, Nacho Vigalondo dio el salto a Estados Unidos en donde filmó otra joyita: Open Windows, que es protagonizada Sasha Grey (si, esa Sasha Grey, que sorprende con su buena actuación) y Elijah Wood (si, ese Frodo que se sube a todos los proyectos fantásticos que puede), en la que se aleja de la ciencia ficción para adentrarse en los terrenos del thriller con una premisa sencilla, ella es una estrella de cine y él un fan que supuestamente gana una cena para conocerla pero detrás hay una mano negra que guía los destinos de ambos, aquí lo innovador es que todo contacto entre los personajes se lleva a través de videochats por lo que en realidad ninguno puede saber las verdaderas intenciones del otro, ni tampoco que están siendo manipulados, entonces cada personaje se desarrolla en dos sentidos y muestra dos caras distintas, con lo cual el español vuelve a dejar claro que lo que a él le importa es la experiencia humana.

Finalmente (y después de librase de un problemón por un tuit sarcástico que cuestionaba la veracidad del holocausto judío) el año pasado presentó Colossal, protagonizada por Anne Hathaway y Dan Stevens, que es una película con monstruos y robots gigantes pisoteando Seúl pero que en el fondo hablan sobre la naturaleza humana, pues estos son avatares de los protagonistas que adquieren forma física a través de un desgarrón de la realidad, lo sé, suena bastante extraño pero funciona porque nada de esto se intenta explicar científicamente, sino que la trama se va abriendo a la par de unos personajes bien desarrollados. Fiel a su estilo, los elementos fantásticos están ahí (los robots, monstruos,líneas ley, rupturas del espacio tiempo)y de hecho en está ocasión ocupa más efectos visuales pero aun así la trama se centra en apenas un puñado de personajes que le dan forma a una historia entrañable a la par de bizarra.

Nacho Vigalondo ha desarrollado con el paso del tiempo una receta muy especial para preparar su pollos adobados al carbón, digo, para hacer sus películas y le funciona muy bien porque de una manera bastante inteligente le da vuelta a los clichés del cine actual al optar por el desarrollo minimalista de historias fantásticas antes que por la saturación de efectos digitales, su películas puede que hablen de viajes dimensionales, tecnología o aliens pero en el fondo se trata de individuos que se aferran a su humanidad para enfrentar la adversidad con lo poco que saben, no son héroes ni son villanos sólo son personas normales buscando salir adelante, y esto, esta experiencia humana sobre los excesos de los géneros con los que trabaja son los que hacen que sus películas sean tan buenas.


About the Author

Luis Fernando Reyes

Estudió Comunicación en la Universidad del Valle de México y trabajó el diario Excélsior así como en Radio Fórmula. Actualmente colabora en las publicaciones digitales “Esencia de Antes” y “Revista Circe” en las escribe con temas relacionados con la cultura popular.



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