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Published on noviembre 1st, 2016 | by Esencia de Antes

Recordando a los “Muertitos” del Rock

Decía Joaquín Sabina en una entrevista que le hicieron en México, que si supiera cuando va a morir, le gustaría hacerlo en nuestro país, porque automáticamente pasaría a ser un “muertito”, un ente que ronda por ahí, cariñoso y amado, y al que le dejan pan dulce para comer y Tequila una vez al año; y no un simple y vulgar cadáver maloliente. Sabina, una vez más, respondió a una pregunta casual como el genio que es.

En México amamos a nuestros “muertitos”, los recordamos con cariño y aprecio. Y para ellos tenemos dos días especializados, en una celebración conocida por todos como “El día de muertos”. Una tradición que llama la atención en todo el mundo, y, que de hecho, ha sido adoptada en ciertas partes del sur de lo Estados Unidos, donde poner un altar con amor y paciencia se convierte en toda una experiencia llena de sincretismo. Ya no es solo una curiosidad, o una costumbre exótica de “nobles salvajes”, la gente a nivel global ha comprendido la esencia de esta celebración. Los muertos no tienen por qué ser dejados en el olvido; no sería justo para nadie.

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Imagen cía http://www.sayulitabeach.com/

Caminando el Sábado por el hoy muy vilipendiado Tianguis Cultural del Chopo, me detuve un momento a contemplar la ofrenda de día de muertos que suelen poner por estas fechas. Un altar dedicado a nuestros ídolos rockeros, desde luego. Ahí estaba una foto de Lemmy, con su mirada cansada, pero siempre retadora, y sentí una punzada en el corazón. Carajo, Lemmy ¿porque te fuiste? Eras nuestro soporte, nuestra inspiración para seguir fieles en el camino del rock; y precisamente cuando tu banda estaba siendo revalorada y apreciada por propios y extraños.

Justo cuando a tus fans ya no nos miraban como apestados, como en los años 80’s/90’s; al contrario, tener puesta una camiseta de Motörhead ahora ya era considerado “cool”; te fuiste cuando todos los artistas que aspiraban a ganar puntos de credibilidad en el medio, querían tocar contigo. Por fin se te hacia justicia. Te extrañamos, viejo, echamos de menos tu sarcasmo y tus opiniones siempre acertadas. Tú no te arrepentías de nada, ni te habías hecho cristiano como muchas estrellas, después de años de excesos. Nunca endulzaste tú música, ni te plegaste a esa horrible enfermedad actual llamada “corrección política”.

Mirando hacia otro lado del altar, para ya no “tristear” por lo de Lemmy, veo la foto de un lánguido Frank Zappa en su última etapa: ¡Puta!, salió peor: El hombre que trascendió muchas cosas a nivel musical, a quién todos llamaban genio con justa razón. El músico inteligente con el que muchos sentimos una conexión casi mística a través de música. “Watermelon in Ester Hay” sonó en mi mente. Y como no sentirse melancólico. Nadie, ni los más grandes están exentos de enfermedades y padecimientos; pero ahí continúa su música, retando el tiempo. Alguien con buen gusto musical puso esta foto en un lugar central de este altar.

Enmarcadas y colocadas con esmero están otras imágenes de ídolos rockeros: Está “San” Jimmy Hendrix, santo patrono de la psicodelia, reinando desde los cielos purpura. Ocupando su trono no solo entre la elite del virtuosismo guitarrístico; si no entre los más entrañables camaradas, su amabilidad y sentido del humor es legendario. También nuestra hermosa Janis Joplin tiene su lugar sagrado; junto a ella está la icónica imagen del poeta maldito, y encarnación de todo lo que representa el rock, Jim Morrison con el torso desnudo y la mirada perdida.

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imagen vía @HueleAPatas

No veo a Kurt Cobain -que raro-; pero si a nuestro querido David Bowie. Lo extrañamos demasiado, y es imposible no sentir un vació en el alma cuando escuchamos su testamento musical, ese increíble último disco de estudio llamado “Blackstar”. Una de las más devastadoras perdidas en este año trágico para la música. No veo a Prince; pero si al sonriente y sabio Bob Marley. Quien hasta en los momentos más trágicos de su vida tenía un brillo de optimismo guerrero y combativo.

Confirmo que no se han olvidado del gran Freddie Mercury, huelo un poco el característico aroma del copal y de las flores de cempasúchil, y continuó mi camino en esta ciudad cuyo tiempo es implacable; si no me doy prisa no llegaré a ninguno de los compromisos que tengo. Los muertos ya descansan y no les apura nada; benditos sean, y se les agradece por legarnos su música.

¿Y ustedes, amigos, a que ídolo del rock pondrán en su altar particular?

Texto: Isael Serra
Portada: Pinterest


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