Narcisa y los vicios de Jonathan Shaw
“Hay dolores de los que uno no se deshace. Algunos dolores se convierten en una parte integral de quien eres. Lo mejor que puedes hacer es aprender a vivir con ellos y sobrevivir.”
-Jonathan Shaw
En esta vida cada quien elige su veneno y en medida que nos enganchamos a este (o a estos, porque ¿a quién no le gusta mezclar?) la existencia puede convertirse en un camino hacía la iluminación zen o hacía un infierno terrenal en el que nada tiene sentido. Esa podría ser, a grandes rasgos, la premisa detrás de Narcisa: Nuestra Señora de las Cenizas de Jonathan Shaw, una novela considerada de culto en los círculos underground, que fuera publicada por primera vez en 2008 en Estados Unidos pero que fue editada apenas el año pasado por Sexto Piso en español.
Esta novela nos cuenta la historia del gitano Ignacio Valencia Lobos, un eterno viajero que está enfrascado en una interminable búsqueda del sentido de la existencia mientras carga a cuestas su Maldición que lo define como un ex-adicto a la heroína y criminal descarado con tendencias filosóficas que se encuentra de frente con el karma encarnado en la aparentemente frágil figura de una joven prostituta interplanetaria avecindad de Río de Janeiro que trae a todos los demonios guardados en su mente siempre a la espera de una dosis de droga (en cualquiera de sus presentaciones) que le permita escapar de la trampa de la mortalidad, de la cual nuestro protagonista cae prendado no sólo por la química latente entre los dos sino por un vínculo mucho más profundo que lo llevan a pasar de la fascinación al desprecio, del amor a la necesidad y del deseo a la destrucción.
Mientras la droga elegida por Narcisa es el crack, Ignacio opta por el sexo, para juntos caer al abismo a través de una espiral de nihilismo, violencia y fluidos de la que no hay escape, de esta manera la relación enfermiza representa a la perfección la paradoja de la fuerza irresistible que se encuentra con el objeto inamovible para destrozarse y transmutarse.
Tomando en cuenta la trama, que no es autobiográfica pero tiene mucho de la experiencia de Shaw, y que la narrativa de este es una mezcla entre de Charles Bukowski (al cual conoció en persona), Henry Miller, Jack Kerouac y William S. Burroughs, es fácil entender porque rápidamente el libro se consagró en el pujante mundillo underground norteamericano y porque ha sido elogiado por personalidades como Johnny Depp, Iggy Pop o Jim Jarmusch.
Aunque a mi parecer el texto llega a ser redundante aun cuando se entiende que el propósito del autor es hacer patente la desesperación del adicto y del caos que enfrenta incluso ante las situaciones cotidianas, pero no por ello deja de ser una gran obra con un par de personajes muy bien detallados y con situaciones desgarradoramente humanas, en las cuales se encuentra su mayor virtud pues mediante capítulos cortos, siempre precedidos de una frase célebre, Jonathan Shaw deja ver su talento como escritor ya sea detallando lo profundo de la desesperación, montando escenas de sexo brutales, describiendo la decadencia que corre por las calles de Brasil o deslumbrando con sus reflexiones espirituales.
Aun así, Narcisa: Nuestra Señora de las Cenizas no es una novela para todo público, se podría decir que es un veneno muy específico para los que gustan sumergirse en mundos opresivos que apestan a sexo, miseria humana y muerte en vida, en los que la salida está al alcance de la mano pero a la vez tan lejana como Alfa Centauri. Más allá del desenlace, el texto nos lleva a sumergirnos a la par en nuestros propios vicios y en la lucha existencial por salir de ellos o por dejar que nos arrasen por completo.
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