Historia

Published on diciembre 9th, 2016 | by Esencia de Antes

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Arena López Mateos: La Catedral del Metal en México

Fenómeno a finales de los años 80’s.

¿Todo tiempo pasado fue mejor? Bueno, en México, viviendo en constantes crisis económicas (como buen país subordinado) pareciera que sí, que nuestros abuelos, o nuestros papás se la pasaban bomba y gastaban menos para llevar un nivel de vida decente; que alguna vez, la llamada –entonces- “escena subterránea” de metal, con todo y sus carencias y “atraso”, generaba unión entre la gente y servía a su función: un desfogue social y artístico para la juventud. Hablo de épocas en donde por el simple hecho de traer el cabello largo -en hombres, obviamente- era excusa suficientemente para que la policía te detuviera y te hiciera una “inspección de rutina”. Hablo de finales de los años 80’s y principios de los años 90’s. La gente sencillamente asumía que por ser metalero pertenecías a alguna banda juvenil tipo “los Panchitos”.

Viéndolo en retrospectiva, no es que existiese mucha unión entre los fans de este tipo de música, sino que sencillamente era más raro encontrar personas metidas en esto y en cuanto detectábamos a un compa que escuchaba metal extremo, la conversación y la camaradería fluían naturalmente. También pasa que, cuando algo es “nuevo”, todo está lleno de candidez y buenas intenciones. En México todo llegaba rezagado, el Heavy Metal no fue la excepción.

Arena López Mateos

Carcass durante su visita a México. Imagen vía https://www.facebook.com/EsenciaDeAntes

Los discos y las revistas especializadas llegaban con meses de atraso; de tal forma que cuando leíamos que Sepultura sacaría disco nuevo, este ya llevaba meses en las tiendas o ese material ya se había “rolado” entre la banda en forma de cassette. No había conciertos de actos internacionales -el rock seguía “vetado” por Papá gobierno-; pero aun así había bandas locales y hoyos fonkys donde se hacían las tocadas. En ese sentido, todo era más “real”, más callejero. Y tanto bandas, organizadores y fans parecían trabajar en conjunto, hombro con hombro. Solo nos tocaba leer de grandes festivales, como el “Donington”, en revistas. Y soñar con poder alguna vez ir a un “país de primer mundo” a ver a nuestras bandas metaleras favoritas.

Arena López Mateos

Destruction en la Arena. Imagen cortesía de https://myspace.com/vulgaraddiction/

Pero “a toda capillita le llega su fiestecita”, y fue gracias a los fundadores de la revista Heavy Metal Subterráneo, Gueorgui Lazarov y Carlo F. Hernández, que a finales de los años 80’s por fin tuvimos en el centro del país conciertos de ese “pinche ruido” que nos gusta, con bandas extranjeras, que, por más que nos hagamos los nacionalistas, eran las que proponían y movían este tinglado. Entrabamos así, formalmente, al juego del underground internacional. Y muchas de las bandas torales descubrían que por este lado también nos volvíamos locos con este desmadre.

Al principio eran bandas, en ese entonces, relativamente jóvenes, casi todas –en esa etapa- gringas, sin gran curriculum; pero con muchas ganas de devastar los oídos de la audiencia. Grupos como Vicious Rumors, Demolition Hammer, Recipients of Death, Devastation, etc. Debido a mi corta edad no fui a ninguna de estas presentaciones; pero iba al tianguis del Chopo, y el impacto que dejaron entre los fans estas bandas duras y con en vivos rabiosos, fue indeleble. Una cosa era leer sobre conciertos “extremos” y otra muy distinta era tener cara a cara a bandas de este estilo, y hacer moshpit y hasta stage diving -si te les escapabas a la seguridad-. Era algo nuevo, refrescante y retador. Dos de los momentos más brillantes de esta era fueron respectivos los conciertos de Death y de Sepultura, ambos en 1989.

Arena Adolfo López Mateos

Sepultura en 1989 imagen cortesía de https://inquisidor71.wordpress.com

Los años 90’s. El apogeo de la Arena López Mateos.

Ya cuando por fin me pude escapar de casa con cualquier excusa tonta, me tocó ver a D.R.I. la primera vez que los trajeron a México, y fue inolvidable. Llegar al recinto -ahora sagrado- La Arena López Mateos, era llegar a otro mundo, se podía oler la locura juvenil a cuadras de distancia. Había cierto aire de peligro, debido a que los punks choperos -en ese entonces el Tianguis del Chopo estaba inundado de ellos- amenazaron con boicotear el “toquín”. ¿Sus razones? Solo ellos lo saben, algo relacionado a que D.R.I. se habían alejado del hardcore y se habían adherido al “comercial” thrash de MTV y de revistas a colores como “RIP”.

En mi mente D.R.I era una bandota -aunque solo había escuchado un cassette de ellos- y nadie me echaría a perder este evento. Recuerdo que el set de la banda texana fue corto, y que al final del concierto yo ni siquiera tenía idea de cómo regresar a casa o que camión abordar. Lo bueno es que en ese entonces yo no tomaba alcohol, si no quién sabe si hubiese amanecido. Pero fue divertido. ¿Mujeres? Había muy pocas. Desmadre, desorganización, mal sonido y slam, eso sí estaba garantizado.

También ahí pude ver el tour denominado “New Titans on the Block”, es decir Napalm Death, Sacred Reich y Sick of it All. Habían prometido a Sepultura -que estaba en el “bill”-; pero los brasileños cancelaron; con todo y ese bajón -el mexicano ama a Sepultura- el show continuó y fue increíble y divertido -sí, los conciertos eran divertidos, te desfogabas “sanamente” con amigable “violent fun”-. Decididamente se estaba viviendo un fenómeno muy chido y es justificable que hoy resulte entrañable para muchos.

En ese sentido si es viable idealizar y mitificar esas “primeras tocadas” internacionales de bandas de este tipo por la novedad que representaban; pero créanme, si se quejan del sonido actual en conciertos “under”, siempre ha sido así, es como la maldición de estos lares. Creo que solo Kreator -la primera vez que vino- sonó medianamente bien, y eso por que tocaban muy cabrón -técnicamente-. Y no, no vi ni a Death, ni a Carcass, ni a Sepultura, sencillamente porque ni siquiera estaba ya por esos rumbos; por cuestiones familiares yo ya era un ente de “provincia” entonces, y había que aguantarse con lo que ofrecían las “ferias del pueblo” y el intercambio de cassettes.

Arena López Mateos

La banda Draksen abriendo para Sacred Reich. Imagen cortesía de http://deathmetaldemexico.blogspot.mx/

Pero hasta allá llegaban las noticias de estos conciertos, y se confirmaba vía revista “HMS” como órgano informativo con fotos de los conciertos y las bandas paseando en las pirámides de Teotihuacán o cosas así-repito, chavos, no había internet, y sí, eso apestaba un poco-. Los fanzines nacionales tomaban nota de estos eventos, y muchos llegamos a comprar ciertos fanzines sólo por la reseña de tal o cuál banda que nos perdimos.

Aunque muy a mi pesar me perdí esos tres simbólicos conciertos (Sepultura con el disco “Beneath the Remains”, Death con “Leprosy” y Carcass con “Necrotism: Decanting the Insalubrius”), durante el resto de los años 90’s fui a cuanta tocada metalera se organizara en la “Arena Tlalne”, Cannibal Corpse, Entombed, Deicide, Morbid Angel, Unleashed, Suffocation, Samael, Dark Funeral, Acheron, Mortician, Nile, etc. Conocí a gente muy chida que venía de todos los rincones del país específicamente por el metal, y conocí a gente muy borracha, pero divertida; y en el moshslam– no había mal pedo ni ganas de partirle la cara a nadie: era un golpeteo de cuerpos con cierta actitud deportiva; no como ahora, que creen que se trata de exhibición de karate.

La Arena en sí

La Arena Adolfo López Mateos es un auditorio enclavado en pleno centro de Tlalnepantla, Estado de México. La “ciudad” es un pintoresco y populoso lugar de mercadeo en constante comunicación con la CDMX. También es un amplio suburbio. Como lo hemos visto quienes nos aventuramos a esas tierras desde “El Toreo”-que ya ni existe el dichoso Toreo- no está tan pegado a la ciudad; pero tampoco está en el fin del mundo.

La “Arena Tlalne” es un recinto enfocado a la Lucha Libre. Quienes saben del tema – yo solo soy un aficionado a ese deporte- dicen que en el lugar se viven bien las luchas directamente, que hay buena visualización con el centro -el ring-, y que han presenciado grandes encuentros en el lugar. Que es tradicional ver luchas ahí. Yo no recuerdo haber visto luchas en esa Arena, a mí me quedaban mejor el Toreo o La Coliseo para esos fines.

¿Porque sucedió el fenómeno ahí? Porque en ese entonces había más libertad para organizar conciertos en la periferia de la Ciudad, en el Estado de México, por ejemplo -muchos hoyos fonkys estaban ahí-. El mismo organizador de la Arena López Mateos orquestaba tocadas de Rock urbano ahí mismo, que pasaran las bandas de metal solo fue un paso natural, aunque, repito, en México nos tardamos un chingo en todo. También por necesidad de una creciente escena de metal “extremo” ya que en ese entonces también había heavy metal comercial que incluso arrasaba en ventas, por eso se hacía necesaria la aclaración de que eran bandas de una forma “extrema” de esa música, nada de Poison ni Cinderella por aquí.

Arena Adolfo López Mateos

Ejemplar de la revista Heavy Metal Subterraneo. Imagen cortesía de http://www.fiuxy.net/

Gestiones con esta persona de la Arena y de parte de la gente de la revista Heavy Metal Subterráneo hicieron del lugar “la Catedral del en México”. “HMS”-para abreviar el nombre de la citada revista- era una publicación derivada de la otra revista “Rock Pop” -que era sobre hard rock y metal, a pesar del nombre- , la revista surgió primero como un suplemento especial ante un nuevo y llamativo mercado: bandas como Mercyful Fate, Venom, Helloween, Sodom, Slayer, Overkill, Metallica, Dark Angel, Poltergeist, Anvil, Raven, y un largo etcétera, ya comenzaban a llamar la atención entre melómanos, y a llevar al límite las formas de la música metal estaban gestando nuevas y evolucionadas formas, y con miles de fans a nivel mundial. “HMS” pasó a ser un título independiente, y que cubría sin empacho a las bandas más controversiales de la época (Música que era hasta considerada “grotesca” por los propios fanáticos del rock). Hoy son muy buscados sus primeros números. “Heavy Metal Subterráneo” nos mantenía informados de la escena internacional del metal en las épocas que “sólo la NASA y el Pentágono tienen internet”.

La Arena hoy en día.

Por cuestiones de trabajo, aún suelo pasar por la Arena López Mateos de vez en cuando, donde seguramente se siguen haciendo funciones de Lucha Libre. Y la veo algo abandonada, sin esa vida de antaño; recuerdo el amasijo de ruido que salía de ahí en el pasado, las chelas en bolsa y popote que uno tomaba en la banqueta antes de entrar al concierto, la euforia juvenil de ver a una banda que antes solo vivía en nuestros posters de revista, los “tesoros” que se conseguían en forma de cassettes, camisetas o parches con gente que ponía puestos en las banquetas, y esa esperanza que había antes: la de vivir en un mundo donde ser metalero no fuera una situación casi marginal. Ese tiempo llegó, hoy el metal y el “metalero” han sido utilizados ya no como una caricatura estereotipada de la marginación -como se hacía en los años 80’s y 90’s-; sino como un “look” susceptible de ser moda al uso.

Durante años los organizadores de este país nos han demostrado que esto es un negocio, y cada vez, los fans, nos obstinamos en decir que no, que no es solo una vulgar forma de consumo, que representa algo, que representa la contracultura, la unión, la rebelión juvenil, etc. La realidad nos ha rebasado y los conciertos de bandas internacionales ya no son para el fan férreo de a pie, son para un grupo de personas que lo mismo van al Vive Latino que al Corona Capital, o a ver a Metallica, lo que su capacidad económica dicte. Ahora hay mucha oferta, y que bueno que sea así. Antes eran tan esporádicos los conciertos que más nos valía desfogarnos, vivirlos al máximo; por que mañana quién sabe. Hoy los fans de ciertas bandas están al tanto de que muchos de sus grupos favoritos pueden venir el próximo año si están de gira. Antes no había nada seguro, tomabas lo que tenías y más te valía gozarlo. A eso se le llamaba “pasión”.

Texto: Isael Serra
Portada: Taringa


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